La ruta forma parte de otra más larga con origen en la playa de San Antolín y termina en la Playa de Guadamía, dentro del concejo de Llanes. Esta ruta es ciclable y tiene unos 15 km de recorrido.
El tramo que nos ocupa es de aproximadamente 8 km. El acceso a Guadamía se realiza desde la salida 313 (Naves-Villahormes) de la Autovía del Cantábrico. Al salir de la autovía estaremos muy atentos a una pequeña carretera que sale en dirección este desde la rotonda más cercana a la costa. Nos lleva directamente al indicador de la playa de Gulpiyuri, donde podemos dejar el coche. Hay que tener cuidado con la conducción porque está muy bacheado.


Playa de Gulpiyuri, bajamar.
Siguiendo las indicaciones llegamos a la playa, situada en posición retrasada respecto al borde costero y formada en su mayor parte por arenas cuarzosas. Se trata de una dolina inundada, inmersa en una plataforma cárstica y aislada de la superficie del mar abierto. Conecta con el mar a través de una caverna, con lo que se deja sentir la influencia de las mareas y la acción del oleaje.
Guilpiyuri es una de las más singulares playas asturianas por ser un espacio cerrado al mar, con el que se comunica subterráneamente. Se trata de una depresión interior, alejada unos 100 m de la línea costera. Como enclave de alto interés, Gulpiyuri ha sido declarada Monumento Natural. Forma parte de la Red Regional de Espacios Naturales Protegidos.

Playa de Gulpiyuri, pleamar.
Es un espacio de gran singularidad geológica y paisajística, que se inunda durante pleamares vivas, confiriendo a esta playa la apariencia de una piscina salada.
Continuando en dirección oeste nos encontramos con nuevas calas inaccesibles y magníficos acantilados. En menos de media hora llegamos a la playa de la Canalina.

Playa de la Canalina, bajamar.
Se encuentra entre dos paredes de 20 metros de altura y separadas entre 5 y 10 metros, por lo que es bastante claustrofóbica. Sin embargo es ideal para practicar la escalada ya que se puede montar una reunión desde la parte superior con facilidad. En la parte alta se pueden ver pequeñas grúas que eran utilizadas para extraer ocle del mar. Ocle es como se conoce en Asturias a la alga Gelidium sesquipedale. Se trata de un alga roja que puede llegar a superar los 25 cm de longitud.

Playa de la Canalina, pleamar.
Vive en zonas rocosas sumergidas de la costa formando grandes campos. También se las puede ver en los pedreros en las zonas más próximas a la bajamar o en las lagunas y charcas que quedan después de retirarse la marea. Pero siempre en zonas con buena oxigenación del agua y movimiento de olas, como es el caso de esta playa. En el Atlántico se extiende desde las Islas Británicas hasta Mauritania.
Los temporales otoñales arrancan enormes cantidades de ocle que cubren las playas. Tradicionalmente estas y otras algas eran recogidas por los campesinos de la costa y se utilizaban como abono. Se bajaba con carros de bueyes hasta la playa para recoger las algas. O se instalaban tirolinas y cables para subir los sacos de algas. En la costa del Cabo Peñes y en esta playa, todavía se pueden ver restos de las estructuras que sujetaban los cables y de los motores que izaban las cargas.
Este uso, como abono, fue algo típico hasta hace unos 30 ó 40 años, en que se empezó a recoger el ocle para venderlo a las industrias quimicas, donde se extrae el agar. El agar es un glúcido complejo que se utiliza en alimentación, farmacia, industria, etcétera…
Hoy en día las algas se recogen directamente en sus campos submarinos. Y a ello se dedican más de medio centenar de personas. Se trata de un trabajo muy duro para los submarinistas con escasos beneficios. De echo hace un par de años el colectivo de buceadores denunció las condiciones de inseguridad laboral y se quejaban de que los hospitales asturianos no contaban con una cámara hiperbárica ni con el equipo médico necesario para realizar la descompresión, por lo que, en caso de producirse un accidente habría que recurrir al centro más cercano con este tipo de maquinaria, situado en el Hospital Marqués de Valdecilla, en Santander.

Actinia equina
Además de estas curiosidades, la riqueza biológica de la costa asturiana nos sorprende con un regalo para la vista. Sobre las rocas abundan anémonas de vivos colores que esconden sus tímidos brazos cuando baja la marea y el agua deja de cubrirlas.
Continuamos con nuestra ruta para pasar a la adyacente playa de la Huelga. Con la marea baja ambas playas están conectadas rodeando una pared de roca y entre las dos se encuentra “El Castro de las Gaviotas”, ya utilizado por los cainejos como lugar de acampada en excursiones anteriores. Eso sí, poco recomendable por el constante azote del viento.

Syringopora sp.
En esta playa desemboca el río San Cecilio. Forma un conjunto arenoso que se extiende aguas arriba donde hay vegetación de marisma siendo zona protegida. También se han realizado estudios paleontológicos y palinológicos (estudios de pólen fosilizado) encontrándose hallazgos muy interesantes de siringopóridos (corales tabulados), braquiópodos y miosporas del carbonífero, junto con otras 100 especies de esporas y pólenes ya extintos.
Continuando por la senda pasamos sobre el río a través de una pasarela de madera (cuidado al apoyarse, los listones están mal anclados). Nos encontramos con dos elementos de la arquitectura tradicional asturiana, un hórreo y una panera.

Horreo

Panera
El primero con cuatro pilares y el segundo con seis, aunque las paneras pueden tener muchos más pilares. La panera es una evolución del hórreo cuando se empezaron a cultivar patatas y maíz, que tan bien se daban en el clima atlántico. El incremento de la producción generó la necesidad de hacer más grandes los primitivos hórreos obligando a colocar más pilares para su sustentación.
El tramo que iniciamos ahora nos llevará hasta la playa de San Antonio. En el recorrido se atraviesan pastos repletos de flores si se hace la ruta en primavera, además de encontrarnos con caballos pastando al borde de los acantilados y de terneros descansando plácidamente al sol.
Una imagen vale más que mil palabras, si lo multiplicamos por tres, nos quedamos mudos. 
Este tramo es el más largo, de una hora y media de duración, también es el de más intensos paisajes. Los acantilados forman antojadizas formas y entre los escollos aparecen antiguas construcciones con usos que solo el pasado lejano puede interpretar.La playa de San Antonio está muy cerca de las Cuevas del Mar. Desde ella podemos acercarnos a la Ermita de San Antonio y observar una cala de aguas cristalinas de gran belleza.
Y por fin llegamos a nuestro destino, donde podemos disfrutar de una de las playas más bellas de Asturias, con formaciones kársticas espléndidas. Además hay algunas vías de escalada montadas y hay un chiringo con música muy agradable.
